Tan pronto como la sombra oscura se ve a un lado de la luna, las mujeres pipiles trasladan sus morteros de mano (unas piedras planas rectangulares) y martillan en ellas con rodillos de piedra. También se hace bulla de otras maneras; por ejemplo, haciendo ruido con ollas y tapas. Este alboroto se propaga de casa en casa. En los eclipses de luna, creen ver una lucha y dicen que "el sol se quiere comer a la luna", y como todos simpatizan con la luna, quieren auyentar al sol por medio del bullicio.
Las mujeres se lamentan -pobre, pobre luna, que enferma está, como sufre, dejen que la ayudemos- y mientras tanto martillan.
Si se llevase a cabo esta ceremonia en un pueblo cercano cuya población fuese de inidígenas y de ladinos, los primeros verían con amargura, casi con espanto, la irreligiosidad y la falta de compasión de los segundos por la luna.
(Fuente: Museo de la Imagen y la Palabra, El Salvador)

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